
Un día si y otro también nos levantamos conociendo noticias a cual mas sorprendente. Parece como si últimamente todo funcionara al revés. El gobierno – poder ejecutivo- en contra del poder judicial. El poder legislativo – las cortes – no legisla. El hemiciclo se ha convertido en un circo, en el que cada uno puede decir lo que quiera, incluso mentir descaradamente.
Ante un discurso del Papa León XIV criticando el aborto y la eutanasia, resulta que las banderas de los progresistas lo proclaman como un apoyo al gobierno de izquierdas de Pedro Sánchez, abortista y eutanásico.
No estamos ante una moda, estamos ante la degradación de la democracia española. Basta que echemos la vista atrás, treinta o cuarenta años, para observar como las instituciones han ido ensuciándose políticamente. Cómo la sociedad se ha politizado. Como las personas nos hemo radicalizado politicamente.
En la medida en que la democracia ha ganado consolidación en la sociedad española, la sociedad ha ido girando hacia posiciones políticas hasta en las cosas mas elementales de nuestras vidas. Ahora todo es relativo. Todo es discutible. Que ha pasado con los valores de la sociedad española? Me atrevería a decir que la democracia nos ha traído mas problemas de convivencia y menos satisfacciones de las que esperábamos.
He manifestado en distintas ocasiones, a quienes me han querido escuchar que la democracia, nuestra democracia no es solo un sistema imperfecto, sino que está demostrando que es un sistema contaminante. Que, poco a poco, va degradándose en la medida que se va consolidando.
Mi tranquilidad es que no es una cuestión exclusivamente imputable a nuestro país, tenemos ejemplos como Suecia, que ha pasado de ser un país envidiable y que, a base de forzar y abusar de la democracia, se está convirtiendo en un país degradado y poco ejemplarizante desde el punto de vista social.
En España a diario nos encontramos con cuestiones que evidencian lo comentado. Parece como si la democracia fuera ahogándose en si misma. Como si en su esencia estuviera su propio mal. Cada día ocurren cosas que, sin que seamos conscientes de ello, van minando nuestro sistema democrático. Actúan como la carcoma en nuestra forma de vivir. Destruyendo silenciosamente nuestro Estado de Derecho y nuestra convivencia. Cuanto mas proclaman los grupos de la izquierda los avances democráticos, mas se deterioran las estructuras sociales y la unidad de los españoles.
La destrucción de la familia, el aborto, la eutanasia, el reconocimiento de determinados derechos de los animales, el lenguaje inclusivo, el mismo asunto de la inmigración, las batallas guerra civilistas y tantos otros asuntos de actualidad , son síntomas de ansiedad democrática. Como si el mundo hubiera empezado con nuestra democracia, o, lo que sería mas perjudicial para la humanidad, pensar que ahora tenemos la oportunidad de cambiar el rumbo de una existencia plagada de tabúes y de ignorancia.
Quizá algunas de estas cuestiones puedan formar parte de una manera actual de ver el mundo, y que no pasan de ser mas o menos anecdóticas, pero otras, las mas significativas son producto de nuestro sistema de gobierno, de nuestra democracia.
Un ejemplo de como las instituciones están absolutamente contaminadas es la noticia del DAO de la Guardia Civil, que pide a sus subordinados que se pongan de perfil ante un acontecimiento que su Directora General pretende desviar por intereses politicos.
No voy a juzgar a las personas. Me interesa más analizar el aspecto institucional, entre otras cosas porque desconozco los detalles de la cuestión.
Estoy seguro de que si el Duque de Ahumada levantara la cabeza se sentiría horrorizado ante una noticia como ésta. En su Cartilla del Guardia Civil cuando estableció los principios de Honor, Disciplina, Lealtad, Integridad, Servicio al ciudadano, Valor y sacrificio, no podría imaginarse que una periodista con carnet del PSOE, haría poner en vergüenza a un cuerpo que ha sido respetado y respetable por la sociedad española durante mas de 150 años.
Este acontecimiento pone en el punto de mira la actual degradación democrática que estamos viviendo en España. Basta repasar la decadente situación de determinadas instituciones, como es la Guardia Civil, para concluir como nuestro sistema democrático esta corrompiendo instituciones.
Fruto de nuestro estado democrático es posible poner al frente de instituciones, como el Ejercito y la Guardia Civil, a individuos representantes de formaciones políticas, sin la capacitación exigible para un cargo como esos, dotándoles de la máxima legitimidad para despachar ordenes a sus mandos.
La actual directora de la guardia civil es Mercedes Gonzáles Fernández, licenciada en periodismo por el CEU, especializada en Comunicación de Instituciones Públicas y políticas que realizó un master Universitario en la Universidad Complutense de Madrid y en la George Washington University. Destacan su experiencia profesional su paso como Concejala en el Ayuntamiento de Madrid (2015–2021) y como Delegada del Gobierno, en la Comunidad de Madrid (2021–2023), siempre en representación del partido socialista.
Su posición como Directora General de la Guardia Civil, derivada de un mandato caprichoso del responsable político de turno, le otorga la potestad de dar ordenes al mismísimo DAO, de la guardia civil, de discutible legalidad.
Este es el caso del Teniente General, Manuel Llamas, que se ve obligado, en base a su principio de obediencia a la superioridad, a transmitir determinadas ordenes a sus subordinados, sugeridas por su Directora General, aún a sabiendas de que esas ordenes pueden ser ilegales.
Si bien es cierto que este principio de jerarquía y disciplina obliga a los miembros de la guardia civil a obedecer las órdenes de sus superiores dentro del marco legal y reglamentario, esta obligación debe entenderse que no es absoluta, ni ilimitada. El limite de su obediencia lo conforman la Constitución Española, Las leyes y los reglamentos aplicables.
Sin embargo, el DAO de la Guardia Civil, debido a la posición política de su directora general, se ha visto en la difícil tesitura de discernir entre la obediencia obligada y el cumplimiento de ordenes, de dudosa legalidad, en contra de los principios que instituyó el Duque de Ahumada.
Dejando al margen la libertad de conciencia, tanto de una, como de otro, la raíz del problema radica en la abusiva representación democrática de los partidos en todas las instituciones del Estado.
La cuestión es cómo nuestro sistema democrático permite al Gobierno de turno poner al frente de un cuerpo con mas de 90.000 efectivos a una persona con el perfil mencionado, a la que la deben obediencia y jerarquía auténticos profesionales de carrera, como son los mandos de la Guardia Civil.
A lo largo de los 48 años de vida de nuestra CE el sistema se ha ido degradando paulatinamente, entre otras cosas, por la obsesión de los partidos de izquierdas en descabezar las instituciones de sus propios mandos, y sustituirlos por una serie de mindundis, al servicio de sus partidos, con autoridad para tomar decisiones al máximo nivel.
Y es que la llegada al gobierno, de cualquier grupo político, no debería concederle capacidad de influir en el gobierno interno de las instituciones. La independencia de instituciones como La Guardia Civil, el Ejercito, la Fiscalía, el Poder Judicial, debería considerarse al margen de la política gubernativa.
Este defecto democrático que permite a los grupos políticos abarcar todas las instituciones del Estado es un error de enormes consideraciones que terminará por corromper las estructuras del propio Estado, si es que no lo ha conseguido ya.