
La sensación de que el consumo del vino se está reduciendo en España parece confirmarse con las cifras estadísticas del sector. Una caída entre 250.000 y 500.000 hectolitros parece confirmar esa sensación.
Desde el punto de vista macro del sector, lo que parecía sólo una ralentización del consumo de vino, desde hace tres o cuatro años, se ha venido a confirmar en los meses del verano, en mas de un 6%.
El problema es mas grave si se descuenta el «efecto turista», que supone la nada despreciable cifra del 15 % del consumo total. Según el Instituto de Comercio Exterior (ICEX) entre un 15 % y un 20 % del vino que se consume en España lo beben los turistas extranjeros. Lo que equivaldría a 1,5 millones de hectolitros. Basta hacer alguna sencilla operación, para determinar que el consumo real de los españoles se situaría por debajo de los 7,8 millones de hectolitros. Cifra que comparada con los 9,5 millones de hectolitros de consumo de unos años atrás, desenmascara la situación crítica del sector.
De momento, donde más se refleja este descenso es el entorno domestico. Para el presente año se aventuran cifras de descenso próximas al 6%. Sin embargo, y de momento, esta caída estructural, parece que no va a tener el mismo impacto en la hostelería. No obstante, los síntomas son cada vez más evidentes. Es cierto que se sigue consumiendo vino fuera de casa, pero cada vez es mas frecuente ver en los restaurantes la botella de agua encima de la mesa, o el estirar una cerveza para toda la comida.
Seguro que los organismos del sector están analizando las razones de este descenso en el consumo de vino.
La conciencia social, al identificar el consumo del vino como producto perjudicial; junto con el cambio generacional que representa un menor interés de los jovenes por la cultura del vino, incluso el cambio en el estilo de vida con la desaparición de las sobremesas largas. Son, sin duda, factores de suficiente peso para justificar el descenso en el consumo del vino, a los que habría que añadir la disminución del poder adquisitivo de los hogares españoles, pero el factor mas influyente, es el elevado precio del vino en general.
Los precios del vino en las cartas de los restaurantes están desorbitados. Se ha pasado de pagar por una botella 6-7 €, a la escandalosa cifra de mas de 25 € por botella, de los vinos mas modestos.
Una comida de cuatro personas, en un restaurante, consume entre una botella y botella y media de vino, cuyo coste se aproxima al 30 % del total de la cuenta. Eso siempre que no se tire para arriba en el precio de la botella. Por eso, es cada vez más frecuente ver, a mitad de la comida, a los comensales, apurando los sorbitos de las copas para evitar pedir una nueva botella.
En un momento en el que la cultura enóloga ha prendido en la sociedad, lo cierto es que se entiende poco de vinos. En muchos casos, la elección se limita a elegir entre un vino de Ribera, o de Rioja. Como si esto fuera una catalogación de la calidad del vino.
Personalmente he simplificado mi demanda en los restaurantes. Primero elijo un vino cuyo precio no supere los 17 €. y , después, a ser posible, que la uva no sea Tempranillo.
Más arriba se mencionaba el importante efecto del turismo. Sin embargo, cada vez, es más frecuente ver en los supermercado, especialmente de las zonas turísticas, los carros con las botellas de vino para su consumo en casa. Lo que sugiere que parte del consumo turístico se está desplazado del restaurante, a la compra en supermercado. De momento, el «milagro» del turismo mantiene las cifras macro en niveles digeribles, pero los datos del consumo interno no son nada optimistas.
El problema del vino trasciende de las fronteras españolas. La Comisión Europea ya ha clasificado el descenso del consumo de vino en la Unión como estructural y no coyuntural. Y las bodegas españolas observan con preocupación cómo el mercado interior, que debería ser su base más sólida, se resquebraja.
Como creo que el lector ya habrá deducido, no es mi propósito analizar la problemática del sector, me conformo con poner un punto de atención en el precio del vino, fundamentalmente, en los restaurantes. Porque la realidad es que los españoles beben menos vino que hace unos años y el desafío no pasa por convencer a las nuevas cohortes de consumidores de que el vino tiene un lugar en su forma de disfrutar la vida, si no por bajar sus precios.
Parte de la solución la tienen los propios restaurantes. En un país como España con una producción excedentaria de vino, no se pueden marcar precios con un 100 % de margen, como hacen la mayoría de los restaurantes. Es cierto ,que la cultura enóloga de los españoles, o la tontuna de algunos, ha coadyuvado a que se haya producido este fenómeno. Pero los tiempos cambian y ahora toca revisar sus estrategias comerciales para adecuarlas al ritmo del consumidor.