En vista de la postura del Presidente del Gobierno, que con mas de 100 asesores y mas de 20 ministros, sigue sin querer aceptar lo que todos los españoles estamos convencidos, debemos pasar al segundo episodio de esta historia que se está escribiendo en Ceuta.
Después de los acontecimientos llevados a cabo por Marruecos desde 2004, tenemos que dar por descontado que Marruecos está en la decisión de anexionar no solo Ceuta y Melilla a su territorio, sino todas la islas que se encuentran en el área de influencia.
Mientras que el Presidente del gobierno sigue mareando la perdiz, la postura y el interés marroquí se va haciendo mas notorio. Las continuas manifestaciones de sus ministros no cejan de reclamar la soberanía de las ciudades españolas y su proyecto de anexionarlas a Marruecos.
Ante la evidencia de sus actos tenemos que replantearnos varias cuestiones. La primera que debemos tener clara es que Marruecos difícilmente puede obtener Ceuta mediante una conquista militar. La vía militar es la menos probable, pero no descartable. Cabe la duda de si Marruecos podría asumir las consecuencias de una guerra con España.
Una ocupación militar marroquí de Ceuta tendría un coste extraordinariamente elevado para Rabat y supondría el riesgo de transformar una reivindicación bilateral en un conflicto internacional.
Su estrategia más probable consistiría en conseguir, a largo plazo, que España considere insostenible el mantenimiento de la ciudad y que la propia población ceutí, España o la comunidad internacional, acepten una modificación del statu quo.
Dejando al margen la poco probable intervención militar de Marruecos, aparecen otras opciones que el régimen alauita puede poner en funcionamiento. Una de ellas es la vía económica, con la intención de asfixiar a Ceuta limitando progresivamente el comercio fronterizo, reducir la actividad económica de la frontera.
La finalidad no seria conquistarla. Seria conseguir algo mas sutil: que mantener Ceuta resulte cada vez más costoso para España y que la población perciba una dependencia creciente respecto de Marruecos.
Otro de los escenarios escogido por Marruecos es la Guerra Híbrida. Que esta iniciativa está en marcha solo le caben dudas al «Ingenuo de la Moncloa». De esta manera Marruecos podría intentar conseguir sus objetivos sin disparar un solo tiro. A través de la presión migratoria, consistente en utilizar —o permitir que se utilicen— grandes movimientos de personas hacia la frontera, como denotan los últimos movimientos de Ceuta.
Es cierto que la inmigración como instrumento de presión puede constituir una estrategia destinada a hacer políticamente insoportable su situación, pero nunca a conseguir la soberanía de Ceuta o Melilla.
Otra cuestión es la vía demográfica y social. Es probable que ésta sea el arma mas peligrosa y eficaz a largo plazo. Con la invasión de 80.000 inmigrantes en una ciudad cuyo censo es de 84.ooo habitantes da pie a pensar que este es otra de las estrategias marroquíes.
Aunque la transformación demográfica no puede alterar la soberanía territorial. Sin embargo la evolución demográfica puede modificar la composición de la población, cambiar las relaciones familiares y económicas con Marruecos. Sin olvidar otros factores derivados de la descontrolada llegada de inmigrantes como es la adquisición de propiedades y la participación en la política, armas de una importante trascendencia para el futuro de Ceuta.
Existe otra cuestión que es la vía política. A día de hoy la mayoría de españoles no le damos la mas mínima posibilidad. Sin embargo la recalcitrante postura del Presidente del Gobierno con su pretensión de eludir cualquier responsabilidad de Marruecos en la invasión de Ceuta, levanta muchas sospechas que ni el Parlamento español ha sido capaz de descubrir ante la opacidad de Pedro Sánchez y sus ministros.
En ese caso, Marruecos no necesitaría convencer a España de que Ceuta es marroquí. Bastaría con que España acepte negociar sobre el futuro de Ceuta, para que Marruecos encontrara abierta las puertas a sus pretensiones.
Conviene aclarar que una cosa es negociar sobre cooperación fronteriza, inmigración, comercio o seguridad. Y otra completamente distinta es: negociar sobre la soberanía. Cuestión que el gobierno de España de momento se ha negado.
Indudablemente aquí entra en juego la propia política española. Que sin ahondar mucho en estos momentos pasa por una indefinición sospechosa, cuando no tolerancia sobre los recientes afonteimientos.
Y hay una cuestión que creo que merece una reflexión: Si Marruecos no puede conquistar Ceuta, ¿puede conseguir que España termine negociándola?
Al paso que van los acontecimientos parece que esto puede llevarse a cabo mas pronto que tarde.