
Es un tema que está cogiendo vigor entre un buen número de españoles que nos preguntamos por qué el Rey Felipe VI aguanta estoicamente los ataques, o el desprecio, del Presidente del Gobierno.
Muchos españoles demandan al Rey que deje de ser un calzonazos y participe más en los asuntos diarios del gobierno de la Nación con alguna aparición que visibilice su postura y nos permita equilibrar determinados comportamientos del gobierno actual.
El Rey actual es heredero de una historia que transforma la figura del Rey desde una postura absolutista en el siglo XIX, hasta la actual definida en la C.E del 78 que se configura como una Monarquía Parlamentaria.
Para entender el comportamiento actual del Rey necesariamente debemos recordar la historia de la monarquía en los últimos 160 años. Tomando como punto de partida 1868, época en la que reinaba Isabel II, tatarabuela del actual Rey, encontraremos una evolución muy clara: el Rey pasa de ser un verdadero titular del poder ejecutivo a convertirse progresivamente en un órgano constitucional neutral y arbitral, hasta llegar al modelo de Monarquía Parlamentaria de 1978.
La Constitución de 1869 que nace de la Revolución de 1868, establece una monarquía democrática. De hecho, las Cortes eligieron posteriormente a Amadeo de Saboya como Rey.
No solo el Rey conserva poderes políticos muy importantes. Sino que su persona es inviolable, y no está sujeta a responsabilidad. Entre sus funciones están la de nombrar y separar libremente sus ministros; tiene la potestad de hacer y ejecutar las leyes; dispone de la fuerzas de mar y tierra y declara la guerra y hace la paz, entre otras funciones.
Después de la abdicación de Amadeo I en 1873, se proclama la I República y ese mismo año se elaboró el Proyecto de Constitución Federal de 1873. La forma de gobierno de la Nación española pasa a ser la República Federal. No desaparece la figura del Jefe de Estado, simplemente cambia su naturaleza. Desaparece el Rey y en su lugar aparece un Presidente de la República.
Con la Restauración y la instauración de Alfonso XII vuelve la Monarquía y la Constitución de 1876 recupera una concepción fuerte de la Corona. El Rey conserva importantes atribuciones: ejerce el poder ejecutivo; sanciona y promulga leyes; nombra ministros y convoca y disuelve las Cortes.
Este periodo constitucional es uno de los mas extensos en el tiempo. Duró hasta 1931. Con la proclamación de la II República se vuelve a promulgar una constitución que tampoco elimina la figura del Jefe del Estado, simplemente sustituye al Rey por un Presidente de la República.
Aquí encontramos ya una idea que posteriormente será fundamental en la Constitución de 1978: la Jefatura del Estado como institución diferenciada del Gobierno.
Superada la Guerra Civil, el franquismo decidió que la forma de gobierno en España, a la muerte de Franco, fuera la Monarquía. En este caso personalizada en la figura de Juan Carlos de Borbón, quien recibiría todos los poderes del Estado y de Gobierno.
Conviene recordar que tres años después de llegar al frente del Estado el que fue proclamado Rey Juan Carlos I, haciendo uso de su voluntad democrática entendió que el proceso constitucional que se estaba desarrollando debería de reducir sus poderes como Jefe del Estado y adaptarlos a una nación con propósito de democratización.
La Constitución de 1978 hace algo muy importante: define expresamente a España como una Monarquía Parlamentaria. La figura del Rey se configura de una manera radicalmente distinta de las Constituciones de 1869 y 1876.
El Rey es el Jefe del Estado. Pero hay una diferencia fundamental: el Rey ya no gobierna. Sus funciones están expresamente delimitadas por la Constitución.
Y aparece un mecanismo esencial: el refrendo. El artículo 64 establece que los actos del Rey son refrendados por el Presidente del Gobierno o, en determinados casos, por los ministros competentes o por el Presidente del Congreso.
Durante la transición española la mayoría de Presidentes del Gobierno, o mejor dicho, todos los presidentes del gobierno de España menos Jose Luis Rodriguez Zapatero y Pedro Sánchez, supieron respetar la figura del Jefe del Estado y apoyarla en beneficio de España.
Sin embargo, esta pareja de presidentes del gobierno, de corte progresista, están obsesionados con atacar a la corona y a la Jefatura del Estado en cuantas ocasiones se les presenta. Han desarrollado un relato del concepto de refrendo mucho mas restrictivo de lo que lo hicieron anteriores Presidentes, sin duda con la intención de supeditar al Jefe del Estado a la voluntad de la presidencia del gobierno.
Si hoy gobernara Felipe González, por citar un ejemplo de presidente progresista, el Rey habría visitado Ceuta y Melilla y estaría trabajando de la mano del Gobierno, pero con Pedro Sánchez las cosas son diferentes, porque Pedro Sánchez está demostrando su indigestión con la Jefatura del Estado y no acepta que la figura del Rey esté por encima de su transitoria estancia en la Moncloa.
Visto el posicionamiento de la Monarquía en España dentro de ámbito constitucional habría que repasar como los distintos monarcas se han adaptado a los tiempos en los que les ha tocado vivir.
En ese caso, centremos la mirada sólo en el actual Rey. Se caso en el año 2004, un mes después de que Zapatero llegara al Gobierno. Se tuvo que casar con quien le pusieron a tiro, renunciando a sus amores de juventud y a su obligación como miembro de la familia real a casarse con personas de sangre real o noble como establecía la Pragmática Sanción de Carlos III de 1776. Produciendo una ruptura histórica con su decisión. Su posterior ascenso al trono en 2014 consolidó este matrimonio de Estado.
Dicho sea de entrada. No existe en España ningún español con mejor preparación para ser el Rey de España. Como persona reúne todas las cualidades exigibles a un Jefe de Estado. Sin embargo los españoles no acabamos de aceptarle, o mejor dicho, no acabamos de entender su posición dentro de la Monarquía Parlamentaria como se define la forma de gobierno en la Constitución.
La boda fue una concesión a la presión de los partidos políticos, especialmente del socialista y del partido comunista, que pretendían debilitar a la monarquía y consiguieron introducir un elemento confuso dentro de la Casa Real.
La pretensión de Zapatero y de Sánchez de debilitar y menospreciar a la Monarquía, junto con la especial educación del actual Rey son los elementos que configuran la imagen del Monarca ante los españoles.
La figura del Jefe del Estado desde 1978 ha pasado por dos momentos perfectamente diferenciados: uno, cuando la presidencia del gobierno ha interpretado el papel que desempeña el Rey dentro de la Constitución y otro, cuando los gobiernos de Zapatero y de Sánchez se han desentendido el espíritu de la Constitución del 78 y han interpretado que el Rey está al servicio del Gobierno.
A partir de ahí es fácil comprender el trato que Pedro Sánchez da a la Jefatura del Estado y porque se producen esos desplantes y ataques frecuentemente.
La pregunta es si el Rey podría hacer algo más de lo que hace. Yo creo que el Rey pretende evitar ocasiones de enfrentamiento con el Gobierno, especialmente con su Presidente. Probablemente para no dar pie a un enfrentamiento provocado y alentado por Pedro Sánchez que le obligue a posicionarse frente al criterio del Gobierno. Yo creo que el Rey es consciente de las intenciones del Galgo de Paiporta y sabe que la carrera de Pedro Sánchez va a durar na y menos y no merece la pena entrar en conflictos con él, aunque para una buena parte de los españoles el comportamiento de Felipe VI pueda parecer de acatamiento y tachada de felpudo.