POR QUÉ SE EMPEÑA PEDRO SÁNCHEZ

Hay cosas que no necesitan explicación y otras, que por mucho que se expliquen, no convencen a nadie. Es mas, generan mas dudas de las existentes al intento de convencernos.

Es, lo que le está pasando a Pedro Sánchez. Se empeña en decir que lo de su mujer y la condena a su hermano son, por resumirlo de alguna manera, bulos y ataques de alguno de los jueces que instruyen las causas que les afectan, sin importarle si la gente ha dejado de creerle.

Y, por otro lado, pretende dificultar la investigación con una serie de informes encaminados a equivocar a los jueces y a torcer su mano por tener que juzgar a su entorno.

Si considera que lo que se imputa a sus familiares es falso, sólo tiene que trabajar en desmentirlo en vía judicial. Desacreditar las acusaciones y mantener la presunción de inocencia de los acusados. Pero si trata de atacar a los jueces y de borrar testimonios es otra cuestión.

No es necesario insistir en que se trata de dos cuestiones con una diferencia fundamental: Una cosa es defender la inocencia de una persona aportando pruebas, presentando alegaciones, recurriendo resoluciones, en definitiva, intentando demostrar que no existen los delitos que se investigan. Y otra, muy distinta, es cuestionar la legitimidad del juez, poner en duda su imparcialidad, atribuirle motivaciones políticas, o presentar la investigación como una persecución.

Ambas cosas pueden hacerse legítimamente si existen razones para ello, pero no son equivalentes. Es mas, esta segunda cuestión no demuestra en absoluto la inocencia de los investigados.

¿Entonces que explicación tiene que Pedro Sánchez esté siguiendo esta estrategia?

Una clara intención de Pedro Sánchez es evitar que se diriman los hechos por vía judicial y trasladar el debate del contenido de las investigaciones a la cuestionable actuación de los jueces.

Si el debate público se centra en si existen indicios de irregularidades, la atención recae sobre los hechos, las pruebas y las responsabilidades. Pero si se desplaza hacia si el juez es imparcial, si tiene motivaciones políticas o si está participando en una persecución, el debate cambia completamente de terreno.

Sánchez pretende convertir los procedimientos judiciales en un conflicto político. No se cohibe al utilizar expresiones como «hay jueces haciendo política», ni a criticar públicamente la imparcialidad del juez Juan Carlos Peinado, que instruye la causa contra su esposa. No hace mucho llegó a afirmar que Peinado había hecho mucho daño a la Justicia y que no sería recordado por su imparcialidad.

Presentar las investigaciones como una ofensiva de adversarios políticos le permite construir un relato de confrontación con PP y Vox con la idea de transmitir que pretenden socavar la continuidad de su Gobierno.

Pedro Sánchez habría ido mas allá si se demostrara la existencia de la presunta trama vinculada a Leire Díez y Santos Cerdán. De confirmarse la trama por la aparición de recientes investigaciones judiciales, estaríamos ante un problema mucho más grave que una simple discrepancia política con una resolución judicial.

Cada vez es más evidente que la opinión pública desconfía de los planes de Pedro Sánchez. Sin embargo él persevera en esa actitud de cambiar los hechos por relatos. Su comportamiento, y el de su Ministro de Transportes, en relación el último accidente de los trenes en Toledo, viene a ratificar su obsesiva intención de buscar culpables antes de asumir sus responsabilidades.

Por eso la estrategia de Sanchez está muy cerca de no salirle como él piensa.

Ni siquiera situaciones tan dolorosas como las recientes muertes en el Ave son suficientes para que cambien su actitud. Por eso debemos pensar que la razón de su comportamiento amoroso pueda tener raíces en temas como el que Vicente Gil publica hoy en OKDIARIO.

Una noticia de la que transcribimos un párrafo, extraído de la conversación con un experto en temas del Mossad:» Eric recuerda lo que los dos ex agentes del Aman le contaron sobre Begoña Gómez que habría sido cazada pactando sobornos en una operación inmobiliaria en Tánger forzada por los servicios de inteligencia de Marruecos: «Fue en una operación de la DGS, la Dirección General de la Seguridad de Marruecos. El contraespionaje marroquí había orquestado una operación encubierta haciéndose pasar los agentes por empresarios inmobiliarios en Tánger con la idea de construir una urbanización de lujo y un desarrollo urbanístico en la zona costera y donde, parece ser, que engancharon a la esposa del presidente del Gobierno probablemente con un soborno, haciéndole creer que ella podría atraer a inversores importantes».

En la misma crónica Vicente Gil relata que: «Eric Frattini dice que las fuentes son 100% fiables: «Es lo que me contaron en Israel». Recuerda que «el hecho es que, al poco tiempo de que a mí me dijeran eso, a los pocos días de que me contaran esa operación, en el momento que ocurrió, el presidente Sánchez, sin consultar con el Congreso ni nadie de nadie, ni tampoco en Bruselas, reconoció la soberanía marroquí sobre el Sáhara»

Ni siquiera la veracidad de estos comentarios justificaría la actitud amorosa del Presidente del Gobierno, ante un asunto tan complejo como es la soberanía y la seguridad nacional.

Por eso, Pedro Sánchez está al borde del precipicio. No ya en lo político, que cada vez es mas evidente que sus días en la Moncloa están en la cuenta atrás. Es que, en lo personal, sus desvaríos son de psiquiatra.

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