Don Pedrete BocaAncha (I)

En un lugar de la Mancha, de cuyo nombre no quiero acordarme, no ha mucho tiempo que vivía un hidalgo de los de lanza en astillero, ardaga antigua, rocín flaco y galgo corredor.

Poco debía imaginar D. Miguel de Cervantes cuando escribió el Quijote de la Mancha que cuatro siglos después el presidente del gobierno de su país trataría de emular al protagonista de su novela.

La fascinante y ambiciosa imaginación de Pedro Sanchez, al igual que a Don Quijote, le llevó a emprender un camino lleno de aventuras con la pretensión de librar a España de los muchos agravios en que se encontraba envuelta. Pedro Sánchez, para el aumento de su honra y el bien de la república, decidió hacerse «caballero andante» e irse por España a lomos de su imaginación.

Como todo caballero andante que se precie debía proveerse de un nombre que permitiera ser conocido mundialmente. Después de varias noche de insomnio y desvelo decidió que Pedrete le permitiría ese reconocimiento.

Para mejorar su identificación debería añadir a su nombre el lugar de su reino, al igual que lo hizo Amadís de Gaula. Así sería conocido como Pedrete de España, pero lo de España le incomodaba y, finalmente, decidió que BocaAncha se ajustaba mejor a sus planes. Así decidió que los libros de historia le recordaran como Don Pedrete BocaAncha

A lomos de su incesante locura comprendió que un caballero andante no podía ir por el mundo sin una dama a la que dedicar su enamoramiento y a la que sus obligados agradecidos rindieran pleitesía, incluso le reconocieran sus méritos como embajadora por el mundo de la mano de un tal Barrabés. Su idílica Dulcinea la encontró en una moza criada entre prostíbulos que encarnaba su ideal femenino. La llamó Ardanza de San Bernardo. Y la juró amor eterno, aunque terminara procesada, a causa de su proximidad.

Tampoco tardó mucho en encontrar a su escudero Sancho. En su deambular por las delegaciones del PSOE encontró a Cerdán, un navarrico camuflado en sus ambiciones de grandeza. Don Pedrete se dejó entusiasmar por lo fácil que sería sacar a España de sus agravios y establecer una trama de subsistencia, que permitiera picar aquí y allá hasta enloquecer por el dinero. Convencido de que Cerdán era el escudero que necesitaba, le nombró su escudero y le llamó Sancho Cerdán.

Don Pedrete BocaAncha, entendió que antes de comenzar sus andanzas debía ser proclamado aspirante al puesto de presidente y, al igual que Don Quijote llamó al ventero para que le armara caballero, Don Pedrete llamó a un tal Acabalos y a su porquero Aguirre, para que instalaran las urnas detrás de la cortina y arbitraran su juramento. Don Pedrete prometió no cejar en su lucha hasta conseguir desterrar a la derecha de este reino y llenar España de todos los que quieran venir a percibir una pensión.

Tanto Acabalos, como su porquero, ya eran conscientes de la locura de Don Pedrete y, mas allá de reírle sus locuras, le animaron a que prosiguiera en sus andanzas, pues de ellas encontrarían los caminos de picar de aquí y de allí, como pensaba Sancho Cerdán, pensando que nunca les llevarían hasta la cárcel.

Yermo el personaje de la historia de su patria, convirtió a un tal Rodriguez en su Amadís de Gaula de quien aprendió sus trapicheos con Eta, con el separatismo catalán, incluso, algunos devaneos con maletas y el petroleo venezolano.

Con un escudero eficiente y el deposito de Peugeot a tope Don Pedrete recorrió todo su reino ofreciendo sus mercedes a un partido dispuesto a cualquier cosa con tal de que su adversario se convirtiera en vulgares molinos de viento.

A falta de proyectos que llevarse a su imaginación, Don Pedrete centró su entusiasmo y obsesión, en asuntos del pasado como el guerracivilísmo y en la lucha contra el fantasma de Franco. Precisamente en los temas mas acuciantes de la sociedad a la que quería gobernar.

En su ambición por ser reconocido internacionalmente soñó con Palestina, con enfrentarse a los planes de la OTAN, con no criticar a Maduro, Con un NO al a guerra, que sonó a tomadura de pelo.

Algunas de sus locuras y desvaríos chocan contra los principios constitucionales de esta España, pero están firmemente incrustadas en el ideario del hidalgo Don Pedrete.

De todas sus andanzas encontraremos similitud con las aventuras de Don Quijote.

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